El 16 de enero de 2016 escribí los últimos renglones del libro ¿De dónde, demonios, salió el Eneagrama?. Como suele ocurrir, cuando lo tuve en mis manos, ya impreso, comencé a hojearlo y apenas me detenía en algún capítulo me surgía el deseo de hacer correcciones. Eso es natural, ya lo sabemos: publicar significa terminar con el vicio de corregir. Tiene erratas, ninguna grave, creo.
Algo que también tiene el libro es que en los últimos años las lecturas, las reflexiones, las conversaciones con personas interesadas en el tema, me han llevado a concluir que es mucho lo que podría añadirse. Hay ausencias en cuanto a novedades. Por mi parte no tengo interés en añadir algo más en cuanto a datos históricos. Esa estafeta ya la entregué a investigadores que estén en condiciones de dedicar muchos años de su vida a buscar más evidencias. Mi búsqueda es de otro tipo y la vida ya me mostró el sendero.
En ese otro territorio de hallazgos me encuentro y desde ahí no dejo de pensar en el Eneagrama. Los aspectos que van enriqueciéndose conforme, en el día a día, yo misma cobro consciencia de cómo opera mi eneatipo son aquellos relacionados con el comportamiento humano.
La discusión acerca de la influencia que ejercen en nosotros las distintas fuentes de la herencia es algo que no termina. Hay posiciones encontradas. No es a nivel teórico como se resuelve la controversia. Es en el actuar consciente como brotan las respuestas.
Es importante saber que el sistema endócrino, que nos viene por herencia, es una parte del mecanismo de control de la mente hacia el cuerpo, pero no son las glándulas las que determinan el eneatipo. Es el trabajo consciente y racional de cada persona hacia lo más alto de su propio eneatipo lo que la lleva a la salud y a la creatividad.
¿Qué es lo más alto del propio eneatipo? Esto lo explica, como nadie, Adelaida Harrison en sus cursos. Cada eneatipo tiene varios niveles de integración que van desde el más sano o el más alto hasta el más aberrado o lo más bajo de la escala humana. Todos tenemos un nivel promedio, cada uno el suyo, según lo heredado y lo autoconstruido. Ese nivel se modifica por diversos factores: el entorno, los momentos de tensión personal, los virus o bacterias que afectan el organismo y muchos otros elementos, pero tarde o temprano regresamos al nivel promedio personal. Éste también puede ser elevado según logremos, o no, erradicar de nuestra mente todo aquello que nos limitó en la infancia o que nos obstaculiza crecer en el presente.
Si hay algo sustancial que he encontrado después de la publicación de mi libro es la necesidad de reformular lo que se ha escrito sobre personalidad y esencia. Es, en esa categoría del ser, la esencia, que ha sido nombrada de múltiples maneras a lo largo de la historia de la humanidad, es ahí donde reside el motor, el control, el cerebro sutil de la personalidad.
Si dejo de identificarme con las características de ese eneatipo mío, sucede lo extraordinario, emerge la Consciencia, así con mayúscula, aparece la percepción ampliada de todo aquello que los sentidos corporales ni se imaginan. Hacia allá es preciso enfocarlo todo.
El eneagrama es un instrumento muy antiguo usado siempre con la intención de generar cambios en las vidas humanas y de comprender el universo.